
El ingreso disponible de los hogares argentinos mostró una recuperación en 2025 respecto al año anterior, pero permanece por debajo de los niveles de fines de 2023, lo que limita la capacidad de consumo de las familias y explica la lenta reactivación del gasto masivo.
De acuerdo con la consultora Scentia, el consumo masivo acumuló un aumento del 2% en 2025 en comparación con 2024, año en que había registrado una caída del 14%. Esta leve expansión refleja una recuperación parcial tras el fuerte retroceso previo.
El informe de Empiria, dirigido por el exministro de Economía Hernán Lacunza, detalla que en noviembre el ingreso disponible registró una contracción real del 1%, la mayor desde febrero de 2024. De esta forma, acumula una baja del 2,1% desde agosto —el punto más alto desde noviembre de 2023— tras tres meses seguidos de descensos.
“En diciembre 2025 será 5% superior al de diciembre 2024, pero 4% inferior al de diciembre 2023”, proyectaron desde la firma, según lo señalado por el diario La Nación. Para el cierre de 2025, el incremento interanual se ubicaría en torno al 5% respecto al mismo mes de 2024, aunque 3,7% por debajo de diciembre de 2023. De confirmarse una desaceleración inflacionaria, en 2026 se anticipa una leve suba del 1%.

La reducción del ingreso disponible se atribuye a una disminución de los ingresos totales —del 1% en noviembre, la mayor desde febrero de 2024— combinada con el alza de gastos fijos. Todos los tipos de salarios cayeron en términos reales: los registrados un 0,6% (tercera baja consecutiva), los del sector privado formal 0,3%, los del sector público 1,3% y los no registrados 0,4%. Los ingresos no laborales sufrieron el mayor impacto por la aceleración inflacionaria y los ajustes con rezago.
La baja afectó a todos los segmentos, aunque con intensidades variables: en los deciles 1-4 fue del 1,2%, mientras que en los deciles 8-10 alcanzó el 0,9%.
En cuanto a los gastos, las reducciones reales en transporte público (0,7%) y agua (-1,4%) no alcanzaron para compensar las subas en electricidad (1,4%), expensas (0,9%) y alquileres (0,4%). Así, los gastos fijos representaron el 22,7% del ingreso en noviembre, 7,4 puntos porcentuales más que hace dos años.
“Entre gastos fijos (23%) y cuotas de préstamos (26%), ya al día 5 del mes se te fue la mitad del sueldo”, indicaron desde Empiria. Las cuotas de créditos equivalen al 26,3% de la masa salarial registrada, según datos del Banco Central —el nivel más alto en casi 20 años—. De ese total, el 86% corresponde a créditos de corto plazo: 14,6% a personales, 9,3% a tarjetas de crédito, 1,7% a prendarios y 0,7% a hipotecarios.
Morosidad récord
La consultora señaló que en un contexto de mayor estabilidad, los créditos de largo plazo ganarían relevancia, pero la rápida baja de la inflación no modificó aún los hábitos de financiamiento de corto plazo, donde las cuotas se licuaban con inflación alta.
Finalmente, la morosidad alcanzó récords: en noviembre, el 8,8% del saldo adeudado en créditos bancarios presentó irregularidades, impulsada por créditos personales (11%) y tarjetas de crédito (9,2%). Los prendarios marcaron 5,2% (0,4 puntos más que en octubre) y los hipotecarios se mantienen cerca del 1%.
“El crédito al consumo con tarjetas o personales, como motor suplementario llegó a un límite; que la gente empezó a no pagar en término, o sea, que hay una morosidad récord y, como consecuencia, que con esa data el consumo está complicado”, explicaron los especialistas de Empiria.